EL DÍA QUE DECIDÍ SER ASESOR DE IMAGEN

Hace ya unos años, pocos, andaba por unos grandes almacenes cuando se acercó a mí una señora preguntándome por un vestido de fiesta que pudiera sentarla bien. Me quede parado. – ¿y bien?- me dijo mientras yo miraba a mi alrededor pensando también que se trataba de una broma o de alguien que me conocía y se había decidido a tomarme el pelo. Abrí la boca para decirla que yo no era dependiente de los grandes almacenes, pero me sonrió (como con mucha confianza) y no pude articular palabra. Así que respiré y me acerqué a un amigo con el que estaba y le dije que me perdonase un momento que la señora quería que la ayudase. –Pero ¿ayudar a qué? – me preguntó mi amigo. Se lo expliqué rápido (la señora empezó a resoplar) y este no entendía nada. Le pedí que siguiera él buscando el regalo que habíamos ido a comprar. Y me fui con ella a buscar su vestido.

En otra ocasión estaba en la playa esperando a alquilar una moto acuática. Tengo que aclarar que yo no me muevo de debajo de la sombrilla sin camiseta y gorra. Es que me quemo con facilidad y para cinco o siete días que tiene uno de vacaciones no me los voy a pasar soplándome.

En ese momento escucho algo así como –“¿Esa nos iría bien?” Pero no hago mucho caso y sigo con mis pensamientos. En eso que oigo de nuevo la pregunta y que me dan dos “toquecitos” en el hombro. Me giro y me encuentro a dos turistas esperando una respuesta con cara de buenas expectativas (no sé si me explico). Cuando me voy a señalar a mí mismo para decir aquello de –No, yo no… estooooo…- Me encuentro la consabida sonrisita y pueden conmigo. Les pregunté si tenían experiencia, a lo que contestaron que no. ¡¡¡Qué bien!!! ¡¡¡Cómo yo!!! Pensé. Me fui donde estaban varadas y empecé a buscar pistas en los números y letras de las motos acerca de cilindradas o algún dato sobre motos para novatos. Vi una que parecía de tamaño más pequeño que las demás y se la señalé –“Está”- dije con la confianza que esperaban. Les dije que se quedaran al lado del aparato esperando a la chica (la que sí era la que se encargaba de esas cosas) y me fui. Pensé que yo mejor, otro día.

Y en otra ocasión la misma historia, pero esta vez en un restaurante de cuya mesa me levante para ir a lavarme las manos (se dice eso vayas a lo que vayas al baño), cuando me abordan para pedirme una mesa para tres. Respiré profundamente, miré alrededor y vi una mesa con servicio preparado para cuatro. Donde caben cuatro caben tres y más cómodos. Asistí a las señoras para sentarse y haciéndoles la promesa de que enseguida les tomaban nota y me fui al baño. Cuando volví a mi mesa mis acompañantes estaban con los ojos como platos. Les dije que era una larga historia y a comer.

¿Eso es suficiente para tomar mi elección de ser asesor de imagen? Pues es que aquellas situaciones se repitieron durante algún tiempo y con eso, ya sí, es suficiente para tomar la decisión: estaba claro que debía servir a los demás porque eran ellos quienes me buscaban.

 

 

En otro momento os cuento cómo pude ser (y fui durante un par de horas) productor musical.