IMAGEN PARA ADOLESCENTES

Asesoría de Imagen Vida en SintoníaQuería comenzar una serie de “posts” sobre la imagen de los adolescentes y para los adolescentes. Es muy probable que en ciertos momentos “salten” mis experiencias como padre y en otras salga a la luz mi cuestionable punto de vista como “ser del género masculino”. De cualquier manera, como siempre, lo que sí trataré es de dar una explicación con criterio.

Recuerdo bastante bien mi periodo de adolescente. Soy también consciente de cómo fui y me comporté. Soy sabedor hoy, de mis sentimientos, tanto de las alegrías como de las decepciones. Con esa parcial experiencia ahora, cuando me cruzo con un adolescente, intento empatizar con él (¡qué no quiere decir que lo consiga!).

Hace algún tiempo leí que los adolescentes tienen bastante claro lo que quieren. Otra cosa es que sepan transmitirlo y, lo peor, que los adultos sepamos entenderlo. Estoy totalmente de acuerdo. Recuerdo lo claro que tenía todo. Desde mi forma de entender el budismo, hasta lo que quería hacer en cada momento. ¡Sabía lo que quería! Pero no podía realizarlo todo. No era autosuficiente. Dependía de las normas impuestas y de no entenderlas. Me creía capaz de todo, pero dependía de obtener los “permisos” necesarios. Vaya, cómo cualquiera que esté leyendo esto ahora. Muchos estamos ahora “del otro lado”. Lo malo es que muchos también han perdido la memoria de lo que fueron. Recuerdo también las inseguridades (esto no suele acabar en la vida por mucho que sepamos ocultarlo, o infundirnos de valor y al final pensar ¡qué carajo! ¡Lo hago! Que es precisamente como actuábamos cuando estábamos en esa etapa). Todo es a corto plazo. Todo es inmediato. Te enamoras tan rápido como te desenamoras cuando aparece otra.

Todos éramos “guais”. Los que sólo pensaban en jugar al fútbol o a otro deporte e invitaban a los demás a su próximo partido. Los que no nos gustaba el fútbol y andábamos todo el día con la guitarra de un lado a otro. Los que tenían la suerte que hacían a todo, fútbol y guitarra. Las chicas que se vestían de “mayor” y las “hippies”. Los “frikis” (sí, siempre los ha habido, pero no sabíamos que se llamaban así) y los intelectuales. El gordito, el de las gafas, el alto, el ligón, el macarra, el “pasao” y el bajo (en todas esas mini sociedades, cambiantes y diversas, habitábamos todos y más).

Bueno, vamos a lo que vamos que ya tocará ir haciendo incisos de todo esto.

Lo primero que se me viene a la cabeza es la higiene. Todos tenemos un “olor personal concreto”. En algunos casos no es desagradable y en otros puede resultar incómodo para los demás. De cualquier manera, es difícil determinarlo por nosotros mismos. En la adolescencia, cuando se nos activan las glándulas sebáceas, lo normal es que tienda a desagradable. Por tanto, no es cuestión de ser más o menos descuidados simplemente lo que antes se arreglaba con cuidados mínimos, ahora ya no sirve. No es cuestión de que el cabello se note grasiento, para muchas personas es inevitable, sino que además esa “grasilla” tiene, digamos, su propio olor. Si a eso unimos los olores de otros fluidos naturales y totalmente normales, tenemos un cóctel que a alguien le puede resultar desagradable. Y no vamos a dejar que sea la chica o el chico por el que nos cuesta conciliar el sueño, quien lo detecte. Ten en cuenta que un perfume no va a hacer más que empeorar la situación si no hay una higiene por adelantado. Y recuerda: es posible que tú no lo notes, pero los demás sí. Total, nada que no se arregle levantándote media hora antes. Mejor por la mañana (siempre que las diversas circunstancias familiares, como que coincida todo el mundo a la misma hora en el aseo, lo permitan) que por la noche.

Los restos de la actividad diaria no se quedan en la piel. Se transfieren a la ropa. Por tanto, el cambio de ropa interior es innegociable. Sobre todo, la ropa interior. ¿No te has dado cuenta de que la ropa interior es la que está en contacto, precisamente, con las “zonas más conflictivas” de tu cuerpo?

Ya, pero usas uniforme, aunque sean ya los últimos cursos de colegio, y eso no se cambia así por las buenas todos los días. Vale. Cambia esa ropa nada más llegar a casa. Pero haciendo algo muy, muy incómodo: en vez de hacer un “gurruño” con ella, déjala estirada sobre la cama, que habrás hecho por la mañana, o encima de una silla. Pero bien estiradita para que se ventile mejor y, sobre todo, que no se arrugue. Otra opción es pulverizar un desodorante para tejidos o pasar el vapor de una plancha ¿Y por qué no va a hacerlo tu madre, padre, madrastra, pareja de tu padre o madre, hermanos mayores o la asistenta? Pues porque los más interesados sois vosotros y así lo hacéis a vuestro gusto. Además, no habrá peligro de que se le “olvide” a alguien. Y más, así vais dejando claro que sois capaces de ser más autosuficientes y generáis más confianza para que os dejen hacer otras cosas que ya iréis pidiendo, como media horita más de horario para “asuntos propios”, por ejemplo. La mejor patadita que se puede dar en el culo, es la que se da uno mismo.

Mi madre no solía hacernos la cama. Todo el mundo lo sabía porque ella lo decía, si alguien llegaba a casa y veía mi cama sin hacer, el guarro era yo. Ella lavaba, planchaba, etc. Pero la ropa hasta la cesta de la colada tenía que llevarla yo. Si la ropa no estaba y por tanto no se lavaba y planchaba, el guarro era yo.

Algunos consejos más:

  • Hacia los 13, 14 años empieza a usar champús para adultos. Ya hay grasa, no sólo sudor, y hay que limpiar adecuadamente.
  • Lava el cabello cada vez que sea necesario. No suele tener que ser más de una vez al día salvo que hagas deporte o se dé alguna circunstancia que lo exija.
  • Lavando el cabello a diario, no hace falta más que una sola “champunada”.
  • Si el cabello es muy largo (aunque seas chico) usa un acondicionador. Por las costumbres higiénicas de hoy en día no vas a notar si el acondicionador te engrasa o no. Con lavado diario o cada dos días, no se puede saber, salvo que tengas algún otro problema de seborrea.
  • No frotes el cabello. Ejerce un suave masaje sobre el cuero cabelludo y arrastra la espuma hasta la punta sin frotar. Tienes que ser muy consciente de que tus dedos no dejan ninguna zona del cuero cabelludo sin masajear. Presta especial atención a la nuca y coronilla no solo laves la zona alta y los laterales.
  • Cuando necesites hacer dos lavados, es posible que el primer champú no haga mucha espuma. No importa. Hazlo como expliqué antes. Ya verás que en el segundo champú sale suficiente espuma. No es cuestión de usar más de lo que recomiende el fabricante, es más, usa siempre algo menos.
  • Si tienes caspa puedes hacer un “peeling” de cuero cabelludo y luego ya sabes cuál debe ser tu champú: anticaspa. La caspa no se quita por más que te laves, sino por usar el champú adecuado. Y recuerda no es por falta de higiene. Si ves a alguien con caspa la puede tener al poco tiempo de haberse lavado la cabeza. Igual que tú puedes tener un grano, hay quien padece caspa.
  • Cuando decidas afeitarte hazlo. No es cierto que el vello facial salga más fuerte por ello (la explicación aquí). Es un proceso que se va dando a la vez: tienes que afeitarte y el pelo cada vez es mas fuerte. Si no te afeitases el pelo de todas maneras va a ir siendo más grueso y oscuro.
  • Es normal que haya zonas de la cara con más pelo unas que otras, incluso tendrás la sensación de que hay “calvas”. Tranquilo, ya se rellenarán.
  • Sobre el uso de maquinillas eléctricas o de hoja, es decisión propia. Hay a quien le van mejor las eléctricas y hay a quien le van mejor las cuchillas. De todas maneras, no compartas las de otras personas. Son útiles de higiene personal. Una maquinilla eléctrica no hará un corte directo sobre la piel, pero sí puede arrancar un pelo y producir un pequeño sangrado. Trata tus maquinillas como un cepillo de dientes: personal e intransferible.
  • Para las chicas igual. Si aún no te depilas con ceras y usas maquinillas te sirven los consejos anteriores.
  • El uso de espumas de afeitado es recomendable con cuchillas. Es posible que tu piel sea aun “frágil” y el secreto de un afeitado es la humedad (salvo con las maquinillas eléctricas que no estén diseñadas para usar con barba húmeda). Lo que hace la espuma es mantener bien hidratado el pelo y además contienen lubricantes para que esta tarea sea más fácil y no irritar la piel. Aunque sea solo el bigote, no lo hagas en seco con cuchilla, son ganas de llevarte tirones innecesarios. Si no tuvieras espuma, humedece bien la cara con agua caliente. Hazlo varias veces, espera unos minutos, vuelve a humedecer y pasa la maquinilla. Con cuidado y con suavidad, no vaya a parecer que te has afeitado con el gato.
  • Si te haces un corte puedes usar “utensilios hemostáticos” que encontrarás en diversos formatos (papel, lapicitos)
  • En la ducha no creo que haya mucho más que decir. Solamente que a estas edades no suelen ser necesarias lociones ni cremas corporales. Pero cada cual debe usar lo que considere apropiado.
  • Tampoco es adecuado usar el primer perfume que encuentres por casa y menos si se trata del de un adulto. Por más hombre o mujer que te consideres, los perfumes de adulto son más cargados que los chispeantes perfumes para gente joven.

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