CREDIBILIDAD

Una de, digamos, las obsesiones de las empresas y personas para su imagen, es la “credibilidad”.

 

Obviamente es necesaria. No es extraño que se pretenda transmitir esta cualidad. Pero la credibilidad no es una cualidad en si misma. La credibilidad es la cualidad de los valores que se transmiten. Que una persona o empresa, quiera parecer creíble en un sentido único, lo que puede conseguir es que, al aparecer la palabra, esta sea puesta bajo lupa. Parecido ocurre con cualidades como la profesionalidad.

Uno es creíble en una cualidad que sí se nombra. Puedes decir de ti que eres “divertido”, y que esto sea creíble, cuando tus códigos y actitudes así lo muestran.

La credibilidad, la confianza, se pueden transmitir a través de terceros. Porque esto sí refuerza la idea. Aun así, se transmite la otra cualidad, la que ha de ser creíble.

No hay que decir que esa cualidad que va a ser creíble, tiene que ser autentica. Bien provenga como cualidad propia, bien sea una cualidad adquirida.

Resumiendo: se determina la cualidad y se hace creíble.

¿Cómo se hace?

Es como las pruebas en un juicio, cuantas más mejor. Y para eso se trata de llevar la cualidad a todos los sentidos posibles. Tomando el ejemplo (simple) anterior, “divertido” tendré una imagen externa que lo indique a través de los códigos. Así afectamos a la vista. El resto de los códigos de igual manera: “sonaré” divertido, tendré (si es posible) unas calidades táctiles divertidas, “oleré” de la misma manera y desde el olfato se “supondrá” un sabor. Una vez creados estos códigos se trasladan a las actitudes, lenguaje corporal y comunicación.

Insisto en que todo es posible. Siempre tengo en cuenta que el nivel de compromiso ha de ser total para conseguirlo a través, incluso, del entrenamiento oportuno.

Si se consigue llegar a este nivel tan amplio y potente de comunicación es muy fácil ser descrito en el primer nivel como algo-alguien “divertido”.