EL DEBATE: EL PELIGRO DE LOS “PALMEROS”

En el debate se vio al “campeón” como en las películas de Rocky. El aspirante estuvo en su papel: nada que perder… a por todas.


 

El título en juego y el campeón relajado. Los “palmeros”, de los que hace ya más de 10 años hable de ellos en “Fade In. El Libro Rojo de la Imagen”, son aquellos que por no decepcionar al candidato le hacen creer que todo está a su favor. Eso hace a su vez que el candidato se lo crea y se relaje. Poco más o menos que eso él lo gana con la “punta de…” y claro, pasa lo que pasa. Uno, el aspirante, de perdido al río. Otro, el que defiende el título, se cree todo lo que le dicen los “pelotas con posibilidades”. Le pasan el “cepillo” antes y después del debate.

El resultado: al primer puñetazo buscando el K.O. te dejan “contando pajaritos”. Te empiezas a defender a la desesperada y te preguntas “¿cómo ha sido posible si yo soy el campeón?” Abierta la ceja, la estrategia es seguir golpeando en ella.

El aspirante se crece y se pasa ya hasta dando algún golpe bajo. Mal visto, pero desquicia al contrincante y puede hasta llegar a caer en el combate “marrullero”: “perderé algún punto, pero el otro también”.

A todo esto, los próximos aspirantes al título observan cómo se desgastan uno y otro mientras ellos se preparan tranquilamente y se dan masajes.

Rajoy no ha entendido nada. Una pelea a 4 desgasta menos. Simplemente los golpes se reparten más y te sirve de entrenamiento para la gran final.

Ni en política, ni en deporte, ni en la vida, te puedes presentar a la liza sin entrenamiento. Los ”palmeros” sobran. Un buen entrenador siempre te dirá como cubrir tu punto débil y no dejar que el contrincante lo descubra.

Pero esto no lo he visto solamente en política, lo he visto en la imagen de empresas, personal y de liderazgo.