LA IMAGEN, LA BUENA IMAGEN Y LA IMAGEN ADECUADA

Cuando creas que necesitas un asesor de imagen, busca.


Reconozco que he sido (soy) un rebelde respecto a la asesoría de imagen.

Casi desde el principio entendí que las necesidades de tener un consultor de imagen son muy variadas. Empezando por mí mismo que no tengo ningún interés en parecer quien no soy. Ni siquiera en mostrar algo que no me atrae. Obviamente tengo que entender cualquier petición. No todo el mundo tiene las mismas necesidades. Quizás sí tengan una del tipo a destacar, sacar más partido, encajar, diferenciarse o “estar a la última”. No os voy a aburrir con esto, hace ya tiempo que decidí no hablar más de lo estrictamente necesario.

Es cuando reconozco en nuestras herramientas de asesoría de imagen un potencial para trasladarlo al mundo de la imagen corporativa, profesional e institucional, que las necesidades son variopintas. De repente me encuentro con quien quiere parecer “canalla” (muy del mundo de la música y de las artes en general), “irreverentes” varios, “excéntricos” o ser el “puto amo” (literal). Estos entes personales o empresariales comienzan el peregrinaje en busca de su “editor”.  Y es cuando, según sus propias palabras, no quieren un asesor de imagen porque ellos no quieren “ir de compras”. Por un lado me alegran el día porque me siento el rey del mambo: “¡¡¡y vas y me encuentras a mí!!!”, suelo pensar.

Reconozco que siempre tengo que andar buscando alguien que me haga algún post sobre moda, shopping y estos temas. Total porque yo estoy ocupado en el lugar donde menos competencia desleal, leal, formada o sin formar encuentro. Todo porque me enorgullezco de que me encuentran los grandes proyectos. Muy poca gente viene a mi estudio con el “no sé qué ponerme”.

Rock y decoración


LA IMAGEN, LA BUENA IMAGEN Y LA IMAGEN ADECUADA,

son cosas diferentes.

tus-aficionesAl final transmito mi marca. No se parece a otras. Y cuando se ve a un tipo que no tiene perro (aunque he tenido), ni gato, ni piercings, ni tatuajes (sólo tuve uno de micropigmentación estética porque pasaba por allí cuando necesitaban probar un color), ni practico running, ni voy al gimnasio (la última vez, salía del gimnasio de boxear cuando me encontré con un espejo. Tuve que ponerme la nariz en su sitio y entendí que esa etapa había concluido para mí. En ese momento decidí no volver). He dicho miles de veces que amo el diseño… pero en general. No especialmente el diseño de ropa, que también, sino TODO EL DISEÑO. Desde coches a lapiceros. Cuando ven en mi estudio guitarras y ambiente de rock… parece ser que en ese momento los grandes proyectos saben que han encontrado su sitio.

Así es mi marca. Así soy y así soy asesor de imagen. No pretendo que me entienda más que quien debe entenderlo. Que para eso se hace una marca.

Mi preocupación es que en este mundo nos parecemos todos demasiado. Muy pocos saben diferenciarse y muchos menos saben realmente qué están ofreciendo. Se nutren de la inercia que el nombre propio de la profesión produce: asesor de imagen.

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Y ahora viene cuando alguien busca una imagen propia para rentabilizarla, lo que viene a ser el “personal branding” y un asesor te imagen te propone lo mismo que acaba de proponer a otra persona que quiere ligar: “lo que es tendencia”. ¿Me molesto? La respuesta a veces es sí. Pero lo que realmente me produce más, es pena. Tristeza. Porque al final este mundo tan asociado al de la moda, toma lo peor de esto. El consejo gratuito, el consejo de vecino, la frivolidad, el curso máster de personal shopper y tendencias, o la visita sin más a tiendas o la visualización de revistas con el consejo del día. Conozco a muchos profesionales y muy, pero que muy pocos, saben lo que hacen. Muy pocos tienen un criterio para desarrollar el trabajo. Al final nos vemos perjudicados todos. Este es el problema. No lo que hagan con su vida sino lo que hacen con las de otros. Su visibilidad a veces es mayor (véase programas de televisión), y por asociación, el público piensa que todos somos iguales. Al final quien tiene la necesidad de resolver un problema de imagen y ven frivolidad, acaba entendiendo que un asesor de imagen no es el profesional adecuado para él. ¿No es triste?

Manuel Sevillano

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